El plazo de 72 horas consideradas decisivas para hallar supervivientes tras el mortífero terremoto en Colombia llegó ayer a su fin, mientras rescatistas aceleraban la búsqueda de cientos de desaparecidos.

Las maquinarias pesadas empezaron a remover escombros en lugares donde se descarta que haya supervivientes del sismo de magnitud 7,4 ocurrido el lunes y que destruyó edificios, hospitales y escuelas en distintas zonas del oeste del país.

El balance de víctimas es de 273 muertos y más de 3.800 heridos. Además, se cuentan 377 desaparecidos, según la unidad de atención a desastres. Voluntarios y socorristas expertos aceleran el ritmo y trabajan con sus propias manos en busca de cualquier signo de vida.

“No se pierde la esperanza (...) La gente yo creo que tiene su fuerza de voluntad para durar varios días allá abajo”, estimó Diego Sandoval, un voluntario de 22 años, cerca de donde se cree haber escuchado ruido dentro de un ascensor en Pereira, una de las ciudades más afectadas.

Los grupos de rescatistas trabajan sin cesar, pese a que en las zonas más críticas ya se siente el olor a putrefacción.

Valeria Cardona, una estudiante de 26 años, busca a dos de sus primos en Cali. “Tenemos sospechas de su localización, pero no hay pruebas de vida”, explicó. “La esperanza es lo último que se pierde, pero estamos angustiados de una noticia que no queremos”, añadió.

Viviendas destruidas

La solidaridad ha aliviado las arduas jornadas de búsqueda y mitigan la escasez. Miles llegan con agua, comida y medicamentos a los barrios afectados.

Pero decenas de réplicas y los daños estructurales complican las labores de rescate.

Según cifras oficiales, más de 11.000 viviendas han quedado destruidas y miles de familias se encuentran sin hogar.

El presidente Abelardo de la Espriella, que asumió tres días antes del sismo, decretó la “emergencia económica”, una medida que lo faculta a crear impuestos y modificar el presupuesto. También anunció la creación de un fondo con ayudas internacionales para atender a las víctimas.

Una vez que pasen las horas críticas, la meta será encontrar soluciones de vivienda para la población afectada.

Muchas de ellas ya han pasado estas noches a la intemperie.

“Tenemos que empezar a trabajar porque la gente ya no aguanta más estar en la calle”, dijo la gobernadora del Valle de Cauca, Dilian Francisca Toro.

El terremoto tuvo epicentro cerca de San José del Palmar, en el Chocó, una de las regiones más pobres del país.

Allí ya terminó la fase de búsqueda y rescate, pero urgen las ayudas para los afectados.

Las autoridades han pedido a las guerrillas que siembran terror en la zona que permitan la entrada de víveres, medicinas y equipos gubernamentales.

En cuanto a la atención al desastre, el presidente ha sido cuestionado por estrechar relaciones con Israel en plena emergencia y por una supuesta negativa a recibir ayuda humanitaria de gobiernos alejados de su línea política. Colombia únicamente ha aceptado rescatistas enviados por los gobiernos de Estados Unidos, El Salvador, Ecuador e Israel.